eluniversal.com
Él seguirá su camino más acelerado pero no tanto como para no permitir organizarnos
George Reisman, profesor de la Universidad de Los Angeles y uno de los intelectuales más críticos del socialismo, escribió que "incluso si un gobierno socialista fuera elegido democráticamente, la implementación del socialismo tendría que ser un acto de enorme violencia, llamado expropiación forzosa de los medios de producción. La elección democrática de un gobierno socialista no cambiará el hecho de que la confiscación de la propiedad en contra de la voluntad de sus dueños es un acto de fuerza. Una expropiación forzosa de la propiedad basada en un voto democrático es aproximadamente tan pacífica como un linchamiento aprobado por las urnas".
El pensamiento de Reisman no admite matices. Sin embargo, pensamos no toda expropiación de una propiedad constituye una confiscación. El Estado debe velar por el Bien Común y por ello, dentro del sistema capitalista, la expropiación es legalmente permitida siempre que medie utilidad pública o interés social. De lo contrario el derecho de propiedad a ultranza chocaría con el desarrollo y el Bien Común.
Los conceptos de utilidad pública o interés social, si no se desarrollan legal y jurisprudencialmente, pueden ser tan ambiguos y amplios que el funcionario que maneja el Estado puede terminar distorsionándolos de tal manera que haga del acto expropiatorio un acto absolutamente discrecional que utiliza con fines políticos y/o ideológicos y no con la finalidad de servir al Bien Común. Es entonces cuando se puede producir la desviación de la que habla Reisman.
Un verdadero Estado Socialista asume para sí mismo, de manera exclusiva, el supuesto bienestar económico de los individuos, tiene la responsabilidad de su manutención, su salud, su educación y su vivienda, entre otros aspectos medulares. Al asumir este inmenso reto, siempre se ve obligado a tomar uno de dos caminos. Si quiere mantenerse dentro del respeto de los derechos fundamentales, toma el camino de países como Suecia y otros países escandinavos en los cuales "sus partidos gobernantes pueden blandir su filosofía (socialismo) como el fin último, pero que no han implementado el socialismo como sistema económico¿ dado que la fuerza motora característica de la producción y la actividad económica no es el decreto gubernamental sino la iniciativa privada de propietarios" (Reisman). Son de palabra socialistas pero su ejecutoria al gobernar son más bien socialdemócratas, aplicando una serie de actos de gobierno fuertes y controladores pero respetando a lo privado como motor fundamental de la economía. Así, por ejemplo, se ha declarado Lula en Brasil para su segundo mandato.
El otro camino indefectiblemente, más temprano que tarde, termina absorbiendo los medios de producción fundamentales, so pretexto de necesitarlos para hacerle frente a las necesidades del colectivo. Justifican los actos de fuerza en contra de la propiedad normalmente en dos causas: la soberanía nacional y la necesidad de lograr que el trabajador sea el dueño de su trabajo. Pero lo segundo nunca pasa, el trabajador nunca termina siendo el dueño de su trabajo en un régimen socialista; por el contrario, el Estado nunca le transfiere a los trabajadores la propiedad sino que se la reserva para sí. Con ello, ese supuesto Estado Socialista termina siendo el gran capitalista, la mayoría de las veces el único capitalista. El trabajador simplemente habrá sufrido un cambio de patrono a costa de la pérdida de su libertad. No puede cambiar de patrono porque sólo hay uno: el Estado.
Justo en esa encrucijada estamos parados. No de manera indefectible ni abrupta, pero sí de manera constante, el gobierno de Chávez, tras sus últimos anuncios sobre la concesión de RCTV y la nacionalización de empresas de servicios, ha tomado el segundo camino que nunca ha triunfado en donde se ha implantado. A los gobernantes socialistas, y el nuestro no es la excepción pues ya lo demostró con la Ley de Tierras, no les gusta entregar la propiedad a millones para hacerlos de dueños de su trabajo, pues eso les resta poder, el poder de controlar a todos manipulándoles sus necesidades.
El Estado Socialista requiere de un aparato autopropagandístico constante para justificar ante el pueblo sus fracasos en el logro del Bien Común, culpando a terceros como "obstaculizadores" del socialismo. Los medios independientes estorban para esa labor. Convencidos de que los millones que votamos por otra opción, los que se abstuvieron e incluso millones de los que por él votaron no quieren un solo patrono, queda mucho por hacer aún en nuestra patria. El seguirá su camino un poco más acelerado pero no tanto como para no permitir organizarnos.
Fuente: http://noticias.eluniversal.com/2007/01/12/opi_1181_art_135576.shtml