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Abogados Latinoamérica, Noticias legales Editado por Raymond Orta Martinez

Así como las hojas son al árbol, los abogados somos al sistema de justicia

enero 20, 2026
Así como las hojas son al árbol, los abogados somos al sistema de justicia

Así como las hojas son al árbol, los abogados somos al sistema de justicia

Dra. Candy Herrera De Orta

Escribo estas líneas desde la conciencia plena de lo que significa ejercer el Derecho en Venezuela. No siempre desde la comodidad de un escritorio, sino desde la experiencia viva de los tribunales, e instituciones públicas,de los expedientes gastados por el tiempo, de las esperas, de las victorias silenciosas y de las derrotas que también enseñan.

Así como las hojas no existen sin el árbol, pero el árbol tampoco respira sin ellas, los abogados somos parte esencial del sistema de justicia. No somos un accesorio, no somos un lujo, no somos una figura decorativa del proceso. Somos estructura viva, circulación, oxígeno.

El sistema de justicia suele verse como un ente abstracto, lejano, casi mecánico. Pero la verdad es otra: la justicia se construye todos los días a través de personas. Y entre ellas, el abogado ocupa un lugar determinante. Somos el puente entre la ley escrita y la realidad humana que clama ser escuchada.

Hans Kelsen hablaba del Derecho como un sistema normativo, ordenado, jerárquico. Pero incluso el más perfecto de los sistemas normativos necesita de intérpretes conscientes, éticos y comprometidos. La ley por sí sola no camina, no habla, no siente. El abogado sí.

He visto cómo una demanda bien planteada, luego de agotar la vía del posible acuerdo,puede devolverle dignidad a una familia. He sido testigo de cómo una palabra dicha a tiempo puede evitar un conflicto mayor. También he sentido el peso de defender causas donde la justicia parece lejana, pero aun así la responsabilidad moral obliga a no rendirse. Porque ejercer el Derecho no es solo aplicar normas; es sostener esperanza en medio del conflicto.

Montesquieu advertía que una injusticia hecha a uno es una amenaza hecha a todos. En Venezuela, esa frase cobra un significado especial. Aquí, el abogado no solo litiga: resiste. Resiste a la desconfianza, a la desinformación, al desgaste emocional que produce ver derechos vulnerados una y otra vez. Y aun así, continúa.

Somos hojas porque somos múltiples, diversos, distintos en estilos y áreas, pero unidos por un mismo tronco: la justicia. Cada abogado que estudia, que se prepara, que actúa con ética, fortalece ese árbol. Cada abogado que se corrompe o abandona su responsabilidad, lo debilita.

No es casual que las sociedades más sanas sean aquellas donde se respeta la labor del abogado. Porque cuando el abogado es silenciado, deslegitimado o reducido a un estereotipo, el sistema entero comienza a secarse. Sin hojas no hay fotosíntesis. Sin abogados comprometidos no hay justicia efectiva.

Desde mi ejercicio profesional he aprendido que el Derecho también se vive desde la emoción, en mi caso desde la asesoría psicológica, y la terapia.El cliente no llega solo con un problema legal; llega con miedo, rabia, frustración, duelo. Y allí el abogado debe ser algo más que un técnico: debe ser humano. La psicología jurídica moderna lo confirma: escuchar, comprender y comunicar adecuadamente incide directamente en la resolución de los conflictos.

El sistema de justicia venezolano necesita abogados conscientes de su rol histórico. No espectadores, no repetidores de fórmulas, sino protagonistas éticos. Necesita profesionales que entiendan que cada escrito, cada audiencia, cada asesoría, es una hoja más sosteniendo el árbol común.

Hoy reafirmo, desde mi experiencia y mi vocación, que los abogados no somos enemigos del sistema ni simples operadores. Somos parte esencial de su vida. Somos hojas que, aun cuando caen, nutren la tierra para que el árbol vuelva a florecer.

Porque mientras haya abogados que crean en la justicia, el sistema, aunque golpeado, seguirá vivo

Y en ese ejercicio diario he comprendido que mi rol no siempre es llevar a mis clientes hasta el final de un juicio. Muchas veces, mi verdadera labor comienza antes del conflicto abierto, cuando aún es posible detener el daño. He asumido con plena conciencia mi papel como mediadora, como voz que ordena el caos, que traduce emociones en razones y que transforma la confrontación en entendimiento. Mediar es también hacer justicia.

Como abogada, no solo represento intereses; acompaño procesos humanos. Escucho más allá del expediente, identifico lo que realmente está en juego y busco soluciones que no solo sean legales, sino sostenibles y justas. La experiencia me ha enseñado que no todo conflicto necesita un ganador y un perdedor, pero sí necesita verdad, límites claros y responsabilidad.

Ser mediadora me ha permitido evitar batallas innecesarias, preservar vínculos, proteger patrimonios emocionales y jurídicos, y recordarle a mis clientes que la justicia también puede ser un camino de paz. Porque cuando el abogado comprende que su poder no está solo en litigar, sino en prevenir, orientar y conciliar, el sistema de justicia se fortalece desde su raíz.

Ese es el ejercicio del Derecho en el que creo. Uno donde la ley no se impone, sino que se comprende; donde el conflicto no se exacerba, sino que se resuelve; y donde el abogado, como hoja viva del árbol de la justicia, cumple su misión más elevada: equilibrar, sanar y devolver orden allí donde reinaba el desorden.

Nos vemos en un próximo boletín! Cuídense!

Candy Herrera de Orta

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